MARÍA ZAMBRANO (1904-1991) La pensadora malagueña María Zambrano es una de las figuras mayores de la literatura española de todos los tiempos. Discípula de Ortega y Gasset, podemos decir sin temor a la exageración que llegó a superar en algunos sentidos al maestro, convirtiéndose en una autora de voz auténtica y personal, cuya filosofía se centró preferentemente en la existencia humana y su devenir. Nació Zambrano en Vélez-Málaga, pueblito situado en la provincia andaluza de Málaga, hija de dos maestros. Posteriormente se trasladó a Segovia, donde cursó sus estudios de Bachillerato, y luego a Madrid, donde hizo la carrera en la Facultad de Filosofía y Letras. En la Universidad Central llegó a ser profesora auxiliar de la Cátedra de Metafísica. Tras la Guerra Civil se vio obligada a exiliarse en diversos países como Cuba, México, Italia..., donde prosiguió su actividad docente hasta su regreso a España en 1984. Afortunadamente, la autora que tanto contribuyó a esclarecer el pensamiento y aun las letras españolas, alcanzó el reconocimiento oficial por su obra, obteniendo los más importantes premios: el Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades (1981), y el Cervantes de Literatura (1988). Su legado intelectual es de extraordinaria importancia, y se manifiesta en un lenguaje que logra un altísimo nivel estético. Fundó Zambrano su método reflexivo particular que ella misma denominó la razón poética, es decir, una fusión de pensamiento y expresión lírica, definida en la frase siguiente "que la razón se haga poética sin dejar de ser razón". A este método se debe la belleza literaria de su discurso y su profundidad filosófica. Profundidad o altura, que en este caso vienen a ser sinónimos, ya que la escritora andaluza roza en ocasiones -especialmente en sus últimas obras- una suerte de vuelo místico, heredado directamente de algunos de sus maestros, como Platón o San Juan de la Cruz. Así puede verse, por citar un solo ejemplo, en esta frase, perteneciente a su libro Claros del bosque "Hay que dormirse arriba en la luz". En la obra de María Zambrano confluyen las voces de los más ilustres pensadores, desde la antigüedad hasta nuestros días Séneca, San Agustín, Spinoza, Bergson, Ortega y Gasset, Unamuno, Heidegger...; y entre poetas y místicos, Antonio Machado, San Juan de la Cruz y Miguel de Molinos. Su despertar a la Filosofía se debe, según ella misma cuenta en Delirio y Destino, a la lectura de una conferencia de Unamuno que encontró en la biblioteca de su padre. En este autor encuentra Zambrano el primer destello de luz en una España sumida en las tinieblas. Mas no debe creerse que el método de Zambrano sea una simple amalgama de todas estas influencias; muy al contrario, su pensamiento es plenamente original y creador, e intenta ver y explicar el mundo desde su propia perspectiva, ayudada -eso sí- por un excelente bagaje cultural y una extraordinaria sensibilidad. Esta sensibilidad se halla sustentada, como ocurre en el caso de los poetas, en la contemplación, fuente primigenia de donde nace el asombro ante el mundo y sus criaturas. Y precisamente de este asombro deriva la necesidad de alguna interpretación: cuestionar y cuestionarse es el primer paso para el conocimiento -o reconocimiento- del universo como macrocosmos y del ser humano como microcosmos en él contenido. La filosofía de María Zambrano se inspira directamente en la tradición cultural europea, y en la inquietud del mundo actual, además de beber, como hemos visto, en la más profunda corriente del pensamiento y la poesía españoles. En su extensa obra dio cabida a una serie de temas como la historia, la pintura, el lenguaje, la mística..., que dan idea del inagotable interés de la autora por todo cuanto al hombre y su mundo se refiere. A continuación indicamos algunos de sus libros más importantes - Los intelectuales en el drama de España. Barcelona, Anthropos, 1986.
- Filosofía y Poesía. Madrid, Fondo de Cultura Económica, 1987.
- Hacia un saber sobre el alma. Madrid, Alianza Editorial, 1987.
- El hombre y lo divino. México, Fondo de Cultura Económica, col. "Breviarios", 1986.
- Claros del bosque. Barcelona, Seix Barral, 1977.
- De la Aurora. Madrid, Turner, 1986.
- El sueño creador. Madrid, Turner, 1986.
- Algunos lugares de la pintura. Madrid, Espasa-Calpe, 1989.
Remo Ruiz DICTADOS Y SENTENCIAS (Edhasa, Barcelona, 1999) - Hay que dormirse arriba en la luz.
- La palabra de la poesía temblará siempre sobre el silencio y sólo la órbita de un ritmo podrá sostenerla.
- La palabra se da en la realidad y ante ella como un acto, el más real del sujeto, situado plenamente, por tanto en el tiempo y en la libertad. La palabra, ella misma, de por sí, es libertad.
- El poeta sueña con pronunciar la palabra primera, aquella que fija el orden y hasta las existencias de las cosas mismas.
- La primera conciencia que el hombre adquiere es la que podríamos llamar "conciencia poética" en que la enajenación toca a una cierta identidad.
- La embriaguez poética primera es ímpetu, aspiración -como quizá toda embriaguez lo sea- a una identidad superior.
- Tiende la belleza a la esfericidad.
- La belleza se abre como una flor que deja ver su cáliz, su centro iluminado, que luego resulta ser el centro que comunica con el abismo.
- Sobreviene la angustia cuando se pierde el centro.
- El ser humano habría de recuperar otros medios de visibilidad que su mente y sus sentidos mismos reclaman por haberlos poseído alguna vez poéticamente, litúrgicamente o metafísicamente.
- La visión libera a la vida, mas la visión de sí mismo trae el grado supremo de libertad.
- La poesía permanece en lo sagrado y por ello requiere, exige, estado de permanente sacrificio.
- La palabra poética es acción que libera al par las formas encerradas en el sueño de la materia y el soplo dormido en el corazón del hombre.
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