El poeta vasco-español Blas de Otero es una de las voces principales de la poesía española del siglo XX. Su obra se adscribe a la corriente que designó Dámaso Alonso con feliz expresión "poesía desarraigada", y que se produce al término de la Guerra Civil española, en concreto en los años 50.
También está considerado -junto a Gabriel Celaya y José Hierro- uno de los máximos exponentes de la llamada "poesía social", pero en realidad su obra trasciende ampliamente la etiqueta y se proyecta hacia lo más hondo y auténtico que cualquier poeta puede cantar: el corazón humano.
Si bien las primeras obras de Blas de Otero (Ángel fieramente humano y Redoble de conciencia, que luego fusionó en Ancia) parten de un acendrado sentimiento religioso -aunque, ciertamente, de particulares connotaciones-, luego el poeta asimilará su yo lírico a la colectividad humana, dando voz a esa inmensa mayoría a la que dirigirá su palabra.
Ya en el citado libro Ángel fieramente humano, de 1950, puede leerse una dedicatoria que es al tiempo una propuesta poética: "Definitivamente, cantaré para el hombre", en el poema "Canto primero". Pero es en 1955, con su obra Pido la paz y la palabra, cuando el poeta asume plenamente su compromiso. Este libro se abre con un poema que repite el lema "A la inmensa mayoría". En él el poeta se presenta ante los hombres:
Aquí tenéis, en canto y alma, al hombre aquél que amó, vivió, murió por dentro y un buen día bajó a la calle: entonces comprendió: y rompió todos sus versos.
Y en la estrofa final ratifica la voluntad de entrega a sus semejantes:
Yo doy todos mis versos por un hombre en paz. Aquí tenéis, en carne y hueso, mi última voluntad. Bilbao, a once de abril, cincuenta y uno.
Blas de Otero


