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Critica: Joan Lluis Monte

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La mirada expresionista de Gloria Solas

La obra pictórica de Gloria Solas se basa en una profunda mirada expresionista poética de la materia cromática, en el sentido de desestructurar para conseguir una nueva configuración más lírica, dentro de una visión intimista, pero pasional y persistente. En consecuencia, se produce un diálogo entre la propia dinámica de la esencia del color y la densidad de la materia empleada, para hilvanar un discurso simbólico, elaborado a base de iconismos, formado por la presencia de mensajes implícitos en la propia configuración de la composición.

Expresa la realidad subjetiva, la mirada que va más allá de lo existente para adentrarse en los vericuetos del laberinto de especulaciones.

Se plantea el hecho subjetivo, que es intangible en sí mismo, porque la visión real es compleja y siempre va más allá de la forma de mirar que uno puede tener de las cosas que le rodean, de la dinámica de la vida y de su propia persona. De ahí que su obra se interese por los instantes, que parecen ajenos a sí mismos, que brotan de forma espontánea a partir de la magmacidad de lo real, como si fueran cascada veloz, paréntesis de un fluir constante, a modo de río de imágenes que se entrecruza con las palabras que sortean obstáculos. Pero la dinamicidad sigue, aunque existan zonas tranquilas, serenas, sin tapujos, pero sin la fuerza de las olas.

Muestra también otras composiciones que son puro fuego, que encierran el grito que acompaña a la versatilidad de la existencia, que se orientan empleando los vericuetos de las persistentes veredas que jalonan los caminos, que serpentean por los abismos, que se hacen uno con la propia necesidad de expresión plástica.

Lo que está claro es que es consciente de que lo subjetivo es una ilusión óptica, que se asienta en la nada, mientras que la gran realidad, la que comprende todo, incluidos nosotros mismos, es la que se impone. Y todo ello nos lo comunica tranquilamente, sin prisas y sin pausas, conformando una visión global de la existencia, hecha a base de instantes, de momentos, de preciados segundos que se suceden unos a otros.

Poesía del rasgo, de la materia, que a veces muestra herida; mientras que, en otras, la descubre llena de sugerencias, de ruegos que configuran una trayectoria compleja, diversa, que se aposenta con magnificencia, que se engrandece a partir de constatar los hallazgos de la propia batalla, de los rastros que han dejado quienes se han movido para alcanzar las cotas preclaras de lo salvaje. Hay, en cierta forma una mirada ingenua, llena de dolor y de amor, de suavidad interior y de puro frenesí, que resbala por las vertientes haladas de los deseos.

Deshace el color, para mostrar con claridad los abanderados de la virtud de la existencia combativa, fundados en los parámetros de la composición basada en el laberinto. Pléyade, fugacidad, esplendor del color escondido, para saltar cual grito en la silenciosa noche estrellada, en el momento del canto del lobo.

Joan Lluís Montané
De la Asociación Internacional de Críticos de Arte

Última actualización el Jueves, 28 de Enero de 2010 23:40