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Critica: Antonio Merino

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LAS MÁSCARAS DEL ASOMBRO

Si se pudiera sugerir una obra de arte a partir del primer golpe de luz, que asoma a nuestros ojos, esta obra, sin lugar a dudas, sería la de un sueño, de un tiempo inconcluso, de un lugar que nos devuelve a las máscaras del asombro: todo un estado de ánimo con voluntad de materializar el gesto y la expresión de una determinada forma conceptual de visión del mundo.

Y es aquí, en esta visión del mundo, donde GLORIA SOLAS nos emplaza para cuestionar los presupuestos estáticos de lo real., lo contradictorio y lo posible, como si pudiéramos ubicar todos y cada uno de los espacios infinitos que, a través de la luz representan (en su sentido más escénico) el diálogo material del hombre con su mundo, tan adentro y tan tangible que acabamos por asumirlo como nuestro.

No es casualidad que al natural mimetismo (típicamente vanguardista) se anteponga la capacidad de asombro y ensoñación. El descubrimiento de elementos dispares, de nuevas formas que impliquen maneras y modos de entender y de asumir nuestras presencias en la ambigüedad más absoluta que nos contempla, cotidiana y soñada, supone un saludable ejercicio por abrir los ojos y sentir mesa fascinación por lo natural, lo efímero de unos materiales que, a simple vista, se nos antojan como ajenos pero que participan plenamente en el diálogo del hombre con su mundo, es decir, un mundo donde la iconografía se resuelve en el simbolismo de las formas.

Buena parte de la concepción estética de GLORIA SOLAS gira alrededor de esa fascinación que se reproduce en el universo de las cosas simples, más cotidianas: es el encuentro con la vida desde ángulos totalmente dispares y en constante confrontación, tal y como se "construyen" en la realidad de cada uno de nosotros; una realidad múltiple y cambiante. De ahí que tanto las técnicas como los materiales a utilizar para la representación estén condicionados por lo que Koesler señaló en su día como "estética de lo cotidiano".

Las figuras, la profundidad de los tonos terrosos y metálicos, el inacabado desenlace de las formas, los relieves que surgen de lo

matérico, todo ello compone un singular ejercicio de alquimia donde la luz desplaza la fuerza de unas líneas que -al modo constructivista pero desde una óptica mucho más abierta al primitivismo- transforma la necesidad de los espacios, como si la verticalidad alimentase un claro deseo por situar al observador sobre los raíles de la tierra para descender hacia la abstracción de lo secular, con los materiales que le son dados, piedra, granito, hierro, volúmenes portadores de un entorno global, totalizador, donde cada elemento, a su vez, entra en juego con entidad propia, con vida propia, casi gestual, como catalizador de los tonos y de las firmas que surgen aleatoriamente.

Es el juego constante entre lo profundo (la simbología) y lo efímero (los materiales con los que "construye " su mundo) lo que permite establecer equivalencias, contrastes, técnicas envolventes. Nada queda fuera de su contemplación, y desde cada ángulo se pueden ubicar las infinitas posibilidades que detecta el espectador, como un elemento más del espacio donde se representa la obra, más allá de una estética que nace de ese punto imaginario y soñado que entre todos intentamos adivinar dibujando en el aire las máscaras del asombro, para sentirnos una vez más, eternos, creíbles y dichosos.

ANTONIO MERINO
Poeta y escritor

Última actualización el Jueves, 28 de Enero de 2010 23:42